Sobre el arte

2 diciembre, 2019

El arte, como disciplina, es una actividad que está cayendo en desuso. ¿Por qué? Eso es muy sencillo de responder: no deja dinero. Y es que en estos tiempos en los que lo más importante es tener la cartera llena que cualquier otra cosa, y son pocas personas son las que van a dedicarse a hacer algo, cualquier cosa, si esto no les representa un beneficio económico a corto o largo plazo.

Debido a esto, pocos son los espacios que realmente ofrecen un escaparate al verdadero arte.

Y sí, me atrevo a hablar de verdadero arte porque no tolero la idea de que unas cubetas de colores llenas de agua que, supuestamente, representan a la Ciudad de México sean consideradas como una obra de arte y tengan espacio en un museo…

Los pocos lugares que ofrecen un espacio al arte regularmente no están
a la vista del espectador, hay que buscarlos, ya sea en persona o por internet (porque hay más talento en DevianArt que en las exposiciones que hacen sobre el grafitti en el museo del Chopo o en el museo Jumex), y los espacios que sí están a la vista del expectador dependen de curadores que, o buscan quedar bien con quien está poniendo el dinero de sus sueldos, o con los amigos del director que le están pasando donativos jugosos, o incluso por seguir la moda y las tendencias que el arte posmoderno está tratando de imponer.

¿Pero por qué pasa eso? Pues porque deja dinero, no hay mayor respuesta. Las galerías de arte son los que, actualmente, deciden quién tiene derecho de ser llamado artista y quien no, porque finalmente esos artistas son los que van a tener un contrato con ellos y la venta de sus obras les va a generar una ganancia muy buena. El dinero es el que manda.

Tristemente eso pasa también con la música, el teatro, y la literatura. ¿Hay solución? Yo no lo creo, porque la tendencia de nuestra sociedad es siempre hacia el consumo y eso no va a cambiar, aunque las ideologías de izquierda se empeñen en creer lo contrario, finalmente el hombre es egoísta por naturaleza y siempre va a buscar su beneficio, ya sea por los medios correctos o chingando a los demás.

Con esto no quiero decir que no les debe de gustar lo que está de moda, porque ni soy esnob ni soy mamón, como muchos intelectuales de Starbucks suelen ser, pero si les quiero decir que no solo se centren en las modas, busquen por otros lados, consuman también los productos que los artistas independientes producen pues, finalmente, el éxito para muchos de ellos no está en lo económico, sino en la satisfacción de haber creado algo.

(Publicado originalmente en el número diez de la revista literaria La Sirena Varada)

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